miércoles, 27 de julio de 2011

JEREZ, SIN MÁS



Lo escribió Eugenio Noel: “la madre del cante, sí señor, es primero Jerez, y después, porque a Jerez le ha dado la gana, Sevilla”. La frase es radical, desde luego, pero ¿hasta qué punto se debe o no compartir una afirmación tan rotunda? Sin olvidar que es Andalucía entera la tierra donde ha florecido el cante, Jerez es tenida como la cuna más antigua.
Las cualidades perennes del flamenco de Jerez hacen sospechar que allí pudo aparecer cuajar y crecer la raíz del cante, su levadura, porque ha sido siempre canteras de cante y cantaores, la comarca que más interpretes ha dado al arte flamenco a lo largo de la historia, desde Tío Luís el de la Juliana, primer cantaor de nombre conocido.




Tío Luis, el de La Juliana, dice la leyenda, que era aguador de oficio, que traía a la ciudad el agua desde la fuente de los Albarizones con su reata de burros, allá por el siglo XVIII. Es el cantaor más mítico de la historia del cante jondo y se le supone gitano de raza, creador y difusor de varios estilos de Tonás. Desde Tío Luís, el de la Juliana, Jerez ha sido una especie de aljibe del flamenco por una serie de razones ambientales y humanas.



En primer lugar, porque ambiental y socialmente en Jerez, en el Jerez de la prehistoria del flamenco, se hallan unidas dos maneras de vida y de trabajo, la del campo y la viña y la de la bodega, circunstancia laboral que crea un ambiente propicio para la manifestación de lo flamenco.



El cante de Jerez hay que situarlo en ese convivir de los hombres del vino, en la reunión de amigos y compañeros, en el tabanco del barrio al término de la tarea, y en las celebraciones familiares, bodas y bautizos, en los patios, o también, si nos asomamos a sus más antiguas expresiones, en los largos atardeceres campesinos de las gañanías, los almijares y los sombrajos.


Y algo muy importante en el cante de Jerez: en Jerez hasta los payos cantan gitanamente. Los núcleos gitanos de Jerez, integrados plenamente en la sociedad, situados principalmente en los barrio de de Santiago y San Miguel, han impuesto su son y su quejío en los estilos dramáticos y su compás y bullerío en los festeros.



El cantaor de Jerez se profesionaliza a golpe de fiesta y sale proyectado a la vida artística con mayor facilidad que otros, quizás debido primordialmente a su conocimiento infuso del compás, algo imprescindible para el artista flamenco y llegar a dominar los distintos estilos. Por este motivo, quizás Jerez es quien más cantaores aporta a la cantera flamenca profesional. Ejemplos como el de El Gloria que dejó la yunta una tarde y al día siguiente ya era figura en los locales flamencos de Sevilla.


EL NIÑO DE GLORIA


Rafael Ramos Antúnez, más conocido con el nombre artístico del Niño Gloria, cantaor gitano, nació en la calle Nueva de Jerez, en el corazón flamenco del barrio de Santiago, el 27 de abril de 1893 y murió en Sevilla el 11 de febrero de 1954. Hermano de la Pompi y de la Sorda, fue popularmente conocido por el Niño Gloria, un sobrenombre que fue originado por su interpretación en compás por bulerías del villancico popular en la que se repite la palabra gloria (Gloria a su madre Victoria, Gloria, véase nótula 097). Hay que destacar que su hermana la Pompi fue una de la más grandes “buleras” que tuvo Jerez, igual que El Gloria ha destacado para la historia por su forma creativa para todos los cantes, principalmente en sus fandangos, villancicos, bulerías y las saetas. Sin embargo, valga esta nótula para rescatar del olvido al que durante décadas se ha condenado popularmente y en círculos flamencos a este gran cantaor de Santiago. (Una de las escasas imágenes que se conservan del cantaor jerezano en las primeras décadas del siglo XX).
Se inició en ésta su tierra natal, donde alternaba las reuniones de cabales con su trabajo en los cortijos, pasando seguidamente a Sevilla, para actuar en los cafés cantantes de su tiempo, alternando con las más destacadas figuras de su época por su forma creativa para todos los cantes. Igualmente participó en numerosos elencos flamencos en giras por toda la geografía española. En Madrid actuó en el Kursaal Imperial en 1924 y en el Monumental Cinema en 1927. También El Gloria fue contratado por el torero-dramaturgo Ignacio Sánchez Mejías para formar parte del elenco artístico “Las calles de Cádiz” (1933), famosa troupe dirigida por Encarnación López “La Argentinita” y formada por Juana “La Macarrona”, Rafael Ortega, Espeleta y Pilar López, y otros importantes artistas.


La Argentinita junto a los poetas del 27 Federico García Lorca y el portuense Rafael Alberti. En su compañía y con su espectáculo ‘Las calles de Cádiz’ en 1933 y 34 actuó El Gloria.
En los años de las décadas treinta y cuarenta fue uno de los principales protagonistas de las reuniones de cabales en los locales de la Alameda de Hércules sevillana, donde gozaba de gran prestigio, y fue cantaor fijo en los balcones de Sevilla durante los desfiles de la Semana Santa como uno de los grandes saeteros, creando escuela. Dejó un amplio repertorio de su gran personalidad artística y discográfica de su tierra natal jerezana.
El cantaor jerezano alternó con las más grandes figuras de aquella época: Antonio Chacón, Manuel Torre, Cojo de Málaga, Pastora y Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Manuel Centeno, Manolo Caracol, entre otros. Además de por sus saetas y su presencia en la Semana Santa sevillana, bien pronto comenzó a destacar en las bulerías que sólo él y Juanito Mojama (1892 -1957), otro de los artistas flamencos más olvidados de Jerez, conocían mejor que nadie, en los comienzos de los años 20. En la Exposición Universal de Sevilla de 1929, junto a Mojama, trabaja en el Kursaal Internacional, y lo mismo haría cuando se inaugura el Kursaal Imperial de Madrid, junto al Niño Medina, Cojo de Málaga, Luisa Requejo, etc. (En la imagen, uno de los discos del cantaor de Santiago).
Según José María Castaño en “De Jerez y sus cantes”, (Almuzara 2007), El Niño Gloria no fue un cantaor proclive a las numerosas giras que se organizaron por los años 30, tal vez porque su perfil no encajaba demasiado con las veleidades artísticas de la época, aunque su fuerte carisma en el fandango le hubiera bastado para alistarse en cualquier compañía. En 1927 estuvo contratado en el Monumental Cinema (Madrid), donde llamó poderosamente la atención cantando por bulerías, fandangos y seguiriyas. Su fama se extendió por todo el país cuando grabó sus primeros discos con el Niño Ricardo a la guitarra (Regal, 1929). Sin embargo, triunfó aún más con los discos que hizo con Manolo Badajoz, especialmente con su “Nochebuena” por bulerías, y los fandangos que lo inmortalizó: “Te tiene que castigar”. Sin la menor duda, Rafael Ramos “Niño Gloria” se había convertido en una primera figura del arte flamenco. Al estallar la guerra civil (1936) se refugia en Sevilla, viviendo sólo de las fiestas en la Alameda de Hércules; así aguantó varios años, entre fiestas y su trabajo en Semana Santa. En los inicios de los años 50 comienza su declive profesional y se ve obligado a rifar papeletas y vender chucherías para sobrevivir. Rafael Ramos murió pobre y olvidado el día 11 de febrero de 1954 en su casa sevillana de Divina Pastora. Pero ahora nadie puede negar que su amplia discografía pone en aprietos a aquellos que lo marginaron a la categoría única del fandanguillo, cuando hay que descubrirse en sus cantes por Martinetes, Seguiriyas, Soleá, Bulerías por soleá y Saetas. Jerez y el “mundo flamenco” siguen aún en deuda con El Niño Gloria.


(La calle Nueva en Santiago, donde nació Rafael Ramos Antúnez El Gloria).