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La primera parte del festival, fue dedicada en exclusiva a la figura de Félix Grande, en donde se puso de manifiesto, la valía y la de dedicación de este hombre, en pro de la cultura poética y flamenca. No faltaron elogios a su calidad humana y a su defensa de los derechos de todos los ciudadanos a convivir en respeto y armonía.
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En este punto hizo mucho hincapié su compañero de fatigas en su última etapa Pepe Martínez, con el que escribieran "La poesía flamenca". Pepe nos hizo ver, que para Félix, lo más grande era ver el flamenco en los círculos de la sociedad cultural, como colegios, universidades, etc. en donde el flamenco debe dársele la categoría que este se merece, ya que es la cultura ancestral de un pueblo. Y señala, que un pueblo sin música no es nada.


Cádiz, Sevilla, Granada, Málaga, Badajoz, en sus Alegrías, Tangos, Bulerías, Granaínas... Palos que aborda con la solvencia de una cantaora hecha a estilo propio, con un duende que desborda caudales de arte, su compás su conocimiento del cante, su forma de ver y vivir el flamenco hacen que sea una artista especial, incondicional del flamenco, evolutiva y a su vez manteniendo las raíces de un arte que hay que sentirlo y vivirlo desde las entrañas del alma. El propio corazón late al son de bulerías o acompaña a la pena de una siguiriya.
María es una cantaora que hay que seguir, y deseamos que ya mismo tengamos en nuestras manos ese disco que está preparando con el guitarrista Manolo San Lucar.
Junto a ella, el viento de Pedro Esparza y la guitarra de Camarón de Pitita, una noche para recordar en la memoria de los que allí estuvimos.
Fotos de Alfonso Otero.
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