Ella es puro talento y puro arte sobre el escenario, elegante en su ser, maestra en los pasos, dulzura en los momentos, simpatía en las alegrías, dolor en la siguiriya, ella trasmite lo que baila, siente lo que baila.
El escenario que acoge las paredes del bar, es chiquitito, coqueto, con un ambiente familiar que recoge los duendes del flamenco, ese flamenco sin microfonía, ese flamenco que es el artista y el público sin más, sin intermediarios. Así es ese rincón en donde Olga LLorente nos dejó unas alegrías llena de sal de Cádiz, llena de elegancia y alegría en su cara, se movió con soltura, con la solvencia de conocer el escenario toda su vida.


El Trini desbordó con su cante desgarrador, Jesús Núñez deslumbro con ese toque personalisimo que le hace único, limpio justo, a medida del cantaor y de la bailaora, y como solista que también hace sus pinitos.
Grandes entre los grandes los tres.
Solo me queda expresarle mi agradecimiento por ser como son y por ser tan buenos artistas.
Ole, ole y ole.
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