Siempre es agradable,
disfrutar de buenos eventos que a veces resultan más gratificantes de lo que
uno piensa encontrar.
Anoche en Casa Patas, pude
disfrutar de una increíble noche, no solo por el flamenco, sino por la
cordialidad de los artistas y del personal del tablao que me tratan de una
forma cariñosa, y eso siempre es de agradecer.
Pepa Molina, Olga Llorente y
Jesús Fernández en el baile, José Jiménez, Jesule de Utrera e Ismael "El
Bola" al cante y en la guitarra Jesús Núñez "Jesule del Puerto".

Olga Llorente, con su figura
estilizada nos bailó bulerías por soleá, se movió por el escenario con la
soltura y elegancia de saber lo que estaba haciendo, sintiéndose a gusto con su
baile y demostrando al público el arte que encierra en sus entrañas.
Jesús Fernández Es un bailaor
constante, en plena lucha consigo mismo es como se dice en mi pueblo "un
culo inquieto". No puede parar, le hierve la sangre y por eso en
siguiriyas, sus poros sudan en rojo, sudan en sangre. Sus siguiriyas fueron
puro estremecimiento, puro derroche de dolor, las bailó pausadamente
recorriendo cada centímetro de las tablas que pisaba, como si en cada una de
ellas se escondiera el consuelo de un dolor que no se puede remediar. Lo da
todo, lo expresa todo.
Pepa Molina bailó por soleá.
Yo me fijo mucho en las caras de los bailaores y bailaoras, la cara es la
expresión del alma y Pepa pone el alma y eso se transfigura en su rostro cuando
baila por soleá. Su cara era los mantos negros que definía Lorca al hablar de
la soleá en sus poemas. Sintió cada tercio, pellizcó con cada desplante, movió
los brazos como si quisiera alcanzar el cielo. Y lo consiguió.

Jesule del Puerto, no sé qué
decir de su toque, "que se pegó una jartá a tocar" hablando coloquialmente,
y a tocar de bien para arriba. Su toque es limpio, justo y delicado, llevó a
todo el cuadro y salió por la puerta grande, como los buenos toreros.
Una noche para vivirla.
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