martes, 21 de marzo de 2017

Adiós al Chato de Utrera


Fallece el Chato de Utrera, desde este rincón flamenco, nuestro más sentido pésame a la familia.
No es agradable nunca dar una noticia de este calibre "algo se muere en el alma, cuando un amigo se va..." dice una letra de sevillanas muy conocida. Pero también dice "va dejando una estela que no se puede olvidar..." Y ese debe ser el compromiso flamenco, un amigo, un flamenco al que no debemos olvidar.

El cante de Ramón Benítez Mira,conocido como Chato de Utrera, se apagó para siempre en la madrugada del lunes 20 de marzo. El cantaor utrerano no ha podido superar una enfermedad renal contra la que luchaba desde hacía varios años, dolencia que se agravaba desde el paso mes de febrero, cuando sufría un ictus cerebral. Chato de Utrera ha muerto a la edad de 72 años, en su casa de la calle Buenos Aires, en los postigos de la calle Nueva, como se conoce a la zona en Utrera.
La desaparición de Chato de Utrera supone un nuevo golpe para el flamenco en la localidad. Se crió a las faldas de los más grandes, bajo el incontestable influjo de la llamada generación de oro del flamenco en la localidad, en una Utrera que rezumaba flamenco por todas sus esquinas.
Era su propio hijo el que hacía pública la muerte de su padre a través de las redes sociales, asegurando que Utrera ha perdido a «otro de sus grandes artistas», haciendo que esta localidad «amanezca ronca y triste» después de que «su cante por soleá se haya apagado».
Cuando solo tenía 8 años de edad, Chato de Utrera ya deslumbraba cantando por soleá, bulerías y fandangos, siendo los dos primeros palos los que mejor dominaba y los que más practicó a lo largo de una trayectoria profesional que duró más de 50 años.
A los 17 años cuando salió de Utrera en dirección a Barcelona y corría el año 1962. «Un 15 de febrero, después de los enamorados, tardé en llegar a Barcelona en tren 32 horas. Me dio tiempo a pensar en todas las fatiguitas que iba a pasar cuando llegara», explicaba el propio Chato en una entrevista en 2009.
Ramón se marchó a Barcelona prácticamente con lo puesto y ayudado solo «de unos bocadillos que le había preparado mi madre». Los inicios fueron muy complicados para este utrerano, que estuvo muchos días durmiendo en una boca del metro, hasta que se encontró con un amigo de su padre que lo acogió en su casa.
Haría sus primeros pinitos profesionales en la venta «El Camarote», donde llegaría a ganar 700 pesetas por actuación, lugar donde lo vio por primera vez cantar la bailaora Carmen Amaya, quien se lo llevó a su tablao «Las Cuevas».
Ese contrato le abrió las puertas para muchas actuaciones, interviniendo en muchos festivales de la bailaora, convirtiéndose en el primer cantaor en acompañar al bailaor Antonio Gades en su primera gira como profesional. Después vendrían giras con compañías por muchos escenarios de Europa y de América, además de haber tener la oportunidad de actuar junto a artistas tan grandes como Camarón, Paco de Lucía e incluso Bob Dylan.

Varios discos han recogido el buen hacer de este cantaor a lo largo de su trayectoria. A ello se suman los reconocimientos que ha recibido, uno de los últimos en su Utrera natal en mayo de 2014, cuando más de medio centenar de artistas se sumaron al homenaje que su pueblo quiso rendirle tras llevar más de medio siglo llevando el nombre de su ciudad por numerosos rincones del mundo.
Descanse en Paz.