lunes, 22 de febrero de 2016

MANUEL FERNANDEZ BORRICO Y PEPE NUÑEZ

 Déjame que este comentario sobre tu actuación la haga en forma de carta.


Estimado amigo Manuel.

Ante todo quiero agradecerte esta noche tan flamenca que nos has dejado y que ha inundado cada rincón del salón del Restaurante Los Ángeles.

Mucho arte se derramó allí junto  la guitarra del maestro Pepe Núñez que es sin duda alguna un puntal de este ciclo y un puntal en la guitarra flamenca.

Manuel esa soleá en memoria de tu abuelo Tío Gregorio, estoy muy convencido que allá donde te escuchara lloraría emocionado como lo hicimos muchos de los que te acompañamos esa noche magistral. Solo había duendes, solo había un eco estremecedor con esa voz quebrada ansiada de dolor que nos trajo a La Fortuna los sufrimientos y los padecimientos de este cante nuestro como es el flamenco.
Ecos legendarios por martinetes, duelo y luto por siguiriya, a pasito lento por tientos, un carcelero que amarra las rejas de la cárcel como si de él fueran propiedad. Fandangos cargados de emotividad, tarantos que salen de lo más hondo de las entrañas del corazón de la tierra para llegar al tuyo y expresarlo con tu garganta. Y una pincelada por bulerías con una guitarra sorda como enmudecida por toda una noche que nunca olvidaremos.
Querido amigo.
No pierdas nunca esa forma de cantar, no pierdas nunca esa forma de sentir. Estoy plenamente convencido que así será. Porque tú eres flamenco dentro y fuera de un escenario.

Nos lo demostraste con tu generosidad haciendo cantes al golpe sobre la mesa que hay junto a la barra, en familia cuando ya nos quedamos solos.
Esa soleá por bulerías que nos trasportó a otros tiempos lejanos, pero a la vez cercanos.
Vivir esa experiencia cantada intercambiándola con vivencias personales dentro de tu entorno familiar, hicieron que te conociéramos un poco más.
Gracias amigo, gracias de corazón.

Ojala el tiempo te dé el sitio que mereces.