domingo, 19 de octubre de 2014

EL FLAMENCO EN DOS ESPACIOS MUY DIFERENTES

Estimados amigos.
El pasado sábado día 18 se pudo disfrutar en Madrid, además de otros eventos flamencos, de dos formas diferentes de ver el flamenco. Por un lado, las Tertulias Flamencas de la Quinta y por otro, escuchar al maestro Canela de San Roque y a su hijo José Canela con Antonio Carrión en la Sala Garcia Lorca de la Fundación Casa Patas.
El Flamenco y Sociedad fue el tema central de la primera tertulia dentro de la segunda temporada que la Asociación Cultural Flamenca Jondo junto con La Quinta del Sordo, organizan una vez al mes.
En esta ocasión Joaquín San Juan, centro su ponencia en dos aspectos, por un lado la configuración del flamenco y la figura de "un flamenco" en el sentido más profundo del mismo. Y por otro lado, su implicación en la sociedad, dejando una puerta abierta a que cada uno de nosotros medite ese papel que juega el flamenco en la sociedad actual y en su supervivencia.
Joaquín San Juan, director gerente del Centro de Arte Flamenco y Danza Española, nos adentró en la profundidad del ser flamenco a través de crear una figura flamenca, desde la sociedad, la evolución y las letras. Un arquetipo del flamenco siempre desde su perspectiva personal.
La noche tras un debate y coloquio, continuó con el cante del maestro Jesús Chozas, profundo conocedor de los estilos del flamenco, estudioso, investigador de las raíces del mismo y de la guitarra de Pablo San Nicasio que recientemente sacó su primer libro, sobre la guitarra "Contra las Cuerdas" y del que estamos esperando con fervor la segunda parte del mismo.
Una gran velada flamenca para abrir las Tertulias de la Quinta
Quiero expresar públicamente y pedirles perdón a Pablo y a Jesús, por no poder acompañarles en toda su actuación dentro de la tertulia pero tenía comprometido otra visita a otros dos artistas a los que quiero y respeto como a ellos mismos.

La otra velada flamenca estuvo en La Sala García Lorca en el ciclo flamenco que organiza Antonio Benamargo.
Una noche emotiva, sentimental en donde se encontraba una saga cantaora en dos dinastía, José Canela y Canela de San Roque.
La primera parte corrió a cargo de José Canela, hijo del Canela de San Roque. No quiero utilizar la expresión "hijo de Canela de San Roque" como una referencia de identificación de José.
José Canela es un cantaor forjado al calor del cante de su padre, pero con personalidad propia y al que debemos de seguir. Preparando su primer disco, apunto de salir al mercado, José Canela canta con la expresión de un cantaor añejo, canta con sentimiento, con duende, como si esas fatigas de sus ancestros el las hubiera parado y necesitara soltarlas a través del cante. José canta por que lo lleva en el corazón, por que lo siente, lo vive y eso se nota.
Acompañado por la guitarra de Antonio Carrión, maestro indiscutible del arte de acompañamiento, demostró con su toque que acompañar al cante es una ciencia de una carrera de medicina, complicado, duro y difícil, pero él sabe hacerlo.
Arropado por Antonio Carrión, y la familia Canela en las palmas, José nos cantó por fandangos, soleares, siguiriyas, bulerias... Una noche que quedará para la historia.

Una historia dura difícil y muy sentimental, así definiría yo la actuación del Canela de San Roque.
Canela es un maestro de maestros, Canela es artista de artistas. Pocas veces me suelo emocionar y llorar, y esa noche lloré y me emocioné. Sentí los duros golpes de su soleá en mi pecho, sentí el desgarro de unas siguiriyas que sonaban a muerte, sentí los fandangos que arañaban y pellizcaban el corazón y sentí como las bulerías daban paso a la vida.
Con Canela de San Roque, se forja la figura de un flamenco cabal, transmisor de generaciones flamencas concentradas en su personas, él tiene la responsabilidad del las grandes figuras forjadoras del cante en sus hombros. Él sabe que su cante llega más allá de los oídos, llega hasta el alma, y eso dejó en el escenario, el alma.
Acompañado también por Antonio Carrión, que sabía que tenía a su lado más de medio siglo de historia flamenca.
La noche se cerró por soleá, en un mano a mano padre e hijo, como si este pasará el testigo del cante de una generación a la otra.
Una noche muy emotiva y cargada de mucha sensibilidad flamenca.