miércoles, 12 de diciembre de 2012

COMENZARON LAS JORNADAS


Las XIX Jornadas Flamencas de La Fortuna, han comenzado con dos espectáculos dignos de mención.
El lunes día 10, en primer lugar, y en boca del Concejal de La Junta de Distrito de La Fortuna, valoró el esfuerzo que supone organizar este evento tanto por parte del Ayuntamiento de Leganés, como por parte de La Asociación Cultural Flamenca Jondo, y reconoce que es sin duda alguna un referente nacional de la ciudad de Leganés y del Municipio de La Fortuna en todo el mundo.
Posteriormente José Valencia, este cantaor natural de Barcelona y hoy afincado en Lebrija, dio un recital de cante junto con la guitarra de Juan Requena y las palmas de Manuel y Juan Diego valencia que no dejó indiferente a nadie. Su calidad cantaora, su voz enduendada ofreció un amplio repertorio que pasó por unas soleares, Malagueña, Bulerías, Siguiriyas y otros tantos más.
Su duende embaucador impregnó las paredes del teatro demostrando que es un maestro que sabe lo que canta y sabe por qué lo canta. Llega al corazón, porque sale del corazón.
Una noche inolvidable para el recuerdo de los que asistimos.
El martes, dedicamos la jornada a D. Manuel Ballesteros Navas, que con la presencia de familiares y amigos se le rindió un homenaje emotivo en donde su esposa Margarita y su hermano Adolfo, tuvieron palabras para el recuerdo de quien fuera no solo un gran flamenco por el que vivía, si no también una excelente persona que en su calidad humana llegaba al corazón de quien le conoció.
En la memoria de este festival siempre estará muy presente, quizás ya no en persona, pero si en alma, por esa nunca muere.
Tras el homenaje, Jesús Fernández Bailaor gaditano de una impronta muy personal, puede gustar a unos y quizás no tanto a otros, pero tiene estilo propio que le hace inconfundible. Bailó la caña, a la antigua usanza, con personalidad en el escenario, bailando con el cuerpo y sabiendo que no solo de los pies vive un bailaor. Por soleá en la segunda parte derrochó maestría, presencia, estilo personalidad y seriedad en un cante que así lo requiere. No cabe duda, que el grupo que le acompañó es único, la compenetración entre ellos y esa complicidad hicieron que Jesús Fernández lo diera todo, entregado como en una nebulosa, Jesús dio el duende al completo, llenó el escenario y repartió galantería y mucha flamenquería.
Enhorabuena al guitarrista excepcional, espléndido y siempre con ese toque también muy personal, el de Jesús Núñez. Los cantaores, Pedro Obregón y Juan Debel, eran el contrapunto justo, para el bailaor justo, ellos saben lo que hacen y cuando deben hacerlo, voces contrapuestas que se unificaban en una conjunción tan buena que sobresalía su arte, seguramente impregnado de la emotividad del baile.
Y como no, Anabel Moreno, generosa en sus palmas, compás a medida exacta, presencia femenina que ponía ese puntito de equilibrio en el cuadro. Sus pataditas finales por bulerías pusieron al público en pie.
Un noche para el recuerdo.