martes, 3 de enero de 2012

FALLECE ENRIQUE DE MELCHOR

Nota de prensa de "El País"
El sevillano Enrique de Melchor, uno de los grandes guitarristas flamencos junto a Paco de Lucía y Manolo Sanlucar, ha fallecido a los 61 años, según ha informado hoy la Sociedad General de Autores (SGAE). Nacido en Marchena (Sevilla) el 15 de julio de 1950, donde vivió hasta los 12 años, Enrique de Melchor vivía en Madrid, en donde tenía una tienda de guitarras flamencas.
• Enrique de Melchor: dinastía y magisterio
Fue en la capital donde comenzó a trabajar en el tablao de Manolo Caracol y desde entonces ha acompañado a las grandes voces del flamenco, como Antonio Mairena, Camarón de La Isla, La Perla de Cádiz, Pansequito, Rocío Jurado, Chiquetete, El Lebrijano, El Fary, María Jiménez o José Menese, entre otros muchos.
Como solista actuó en escenarios como el Queen Elizabeth Hall de Londres, el Teatro Real de Madrid, el Liceo de Barcelona o Carnegie Hall de Nueva York, y acompañó a otros guitarristas como Paco de Lucía y cantantes como Montserrat Caballé o José Carreras.
"Un bendito"
Los amigos y compañeros del guitarrista han valorado su figura como la de un "auténtico guitarrista de cantaores" y han destacado su estilo propio y su compromiso con el flamenco. El cantaor Diego el Cigala, que no sabía de la muerte de su amigo, ha señalado muy afectado: "era un bendito, Enrique de Melchor era bueno desde que se levantaba hasta que se acostaba, y -ha subrayado- no es un tópico, es que mejor persona no se podía ser, y como artista, era la rehostia". "Tenía el conocimiento de lo que era tocar la guitarra para cantar, que hoy día no saben tocar la guitarra para cantar: era un guitarrista de cantaores. Y aparte de personalidad, tenía un sello propio", ha considerado. El Cigala, que reconocía a Enrique de Melchor como su "padrino", recordaba que fue la persona que le auguró que "iba a ser grande" después de oirle cantar "de chiquitillo" en La Corrala, una famosa sala de música en directo de Madrid. "Hace diez días que estuve con él en (el tablao madrileño) Casa Patas y nos pareció que había ganado la batalla al cáncer ese tan malo; se le veía malito, pero bien. Estoy muy triste, hecho polvo".
También la artista Marina Heredia ha indicado que Enrique de Melchor era "un guitarrista muy característico del flamenco". "Ha acompañado a todos los grandes y ha sido un artista muy comprometido, muy luchador y con un toque muy personal", ha dicho la cantaora. Con De Lucía y Sanlúcar, ha añadido esta representante del nuevo flamenco, "formaba ese grupo privilegiado que siempre ha tirado del carro" de este arte.
Asimismo, los autores y editores han lamentado "profundamente" el fallecimiento de este artista, que era miembro de la SGAE desde 1978 en la que tenía registradas casi un centenar de composiciones. La SGAE ha trasladado sus "sentidas condolencias" a los familiares más cercanos de De Melchor y también, ha añadido en un comunicado, a la "gran familia del flamenco, que pierde a una de sus figuras más represetativas y queridas".
La directora del Centro Andaluz de Flamenco (CAF), Olga de la Pascua, considera "irreparable" la pérdida del guitarrista. De la Pascua ha recordado que Enrique de Melchor se definía a sí mismo "como un amante de lo antiguo", aunque ello no le impedía el reconocimiento de las expresiones "más nuevas" del flamenco. Esta muerte "prematura" se suma además a la pérdida hace unos meses de Manuel Moreno Moraíto, otro de los grandes guitarristas, de ahí que el flamenco vuelva a "estar de luto".
El consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata, ha lamentado la muerte de De Melchor, al que ha calificado como "uno de los grandes de la guitarra flamenca y española y el último eslabón de una dinastía de toque de acompañamiento clásico".
Tristemente, se nos ha ido otro de los grandes, y también de forma prematura. La guitarra flamenca, tan brillante y rica en nuestros días gracias al incalculable legado de artistas como él, se queda no solo triste, sino irremediablemente más pobre. Porque Enrique era, por supuesto, un sonido, pero también un icono: durante un tiempo prolongado, su presencia se multiplicó tanto junto a las más señeras figuras del cante que él era el tocaor, el que siempre veíamos al lado del cantaor como muestra canónica de lo que significaba el acompañamiento al cante. Y no estaba ahí por casualidad ni se había ganado la confianza por cuestión de nombre, hijo como era de un reconocido maestro. Enrique era garantía de solvencia por sí mismo y porque había logrado ese difícil equilibrio entre la necesaria discreción y la apreciada brillantez. Difícil y no siempre valorado oficio este de acompañar al cante del que Enrique Jiménez Ramírez (Marchena, Sevilla, 1950) fue indiscutible maestro.
A ello llegó como se tienen que hacer las cosas: poquito a poco y de abajo a arriba, que luego la composición y la guitarra de concierto habrían de venir solas y como resultado de lo anterior. Porque Enrique, hijo menor del maestro Melchor de Marchena, se fue con él a Madrid cuando Manolo Caracol abrió el tablao Los Canasteros y llamó a su padre para que lo acompañara. Como Enrique era pequeño aún para tocar, iba al tablao pero se quedaba detrás de las cortinas repitiendo todo lo que escuchaba. De esa manera, cuando el maestro Caracol le preguntó si estaba preparado, el ya joven adolescente se sabía todo el repertorio. Debutaría en 1967 junto al jerezano Paco Cepero, pero antes había dejado registrada más de una grabación acompañando a figuras como María Vargas, La Perla de Cádiz o Romerito de Jerez -habituales en ese escenario-, junto a su padre y otro guitarrista al que él reconoce magisterio, Eugenio Ramírez, El Nani. De Los Canasteros, Enrique pasaría a Torres Bermejas y allí se encontraría con el cante de esos jóvenes que venían rompiendo: Pansequito, Caracol o Turronero. Con los años, la nómina de cantaores a los que acompañaría -en actuaciones o en innumerables discos- abarca casi a dos generaciones: de Mairena, Caracol o Chano Lobato a Lebrijano, Fosforito y José Menese; pero también Fernanda y Bernarda, Juan Villar, José Mercé, Carmen Linares, Chiquetete... Fueron tantos los que le quisieron a su lado como desconocidos los que pusieron alguna objeción a que los acompañase.
Con el tiempo, la guitarra de Enrique floreció en solitario. Y también fue grande en su faceta creadora y de concierto. Sin abandonar por un momento su fidelidad a las raíces ni al toque de escuela marchenera que su padre representó, Enrique se negó a ser simple repetidor o clon. Él ha sido un guitarrista de su tiempo, ortodoxo y a la vez moderno en su expresión, lo que le ha valido para ser faro y guía de no pocos intérpretes de la siguiente generación. De esta faceta suya queda buena muestra en grabaciones como Cuchichí (1992), Bajo la luna (1996) y el imprescindible Arco de las rosas (1998), entre otras. Si a esta obra de Enrique se une su reconocida bonhomía y compañerismo, el hueco que deja entre su familia, amigos y compañeros de profesión se hace más grande y doloroso.
http://www.youtube.com/watch?v=zxGP8kfJ-U4
http://www.youtube.com/watch?v=nk5wGL2_CSk&feature=related
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