viernes, 24 de junio de 2011

EL COMPAS EN TODO SU ESPLENDOR





El Arte Flamenco de Pericón de Cádiz


PERICÓN DE CÁDIZ. Nombre artístico de Juan Martínez Vílchez. Cádiz, 1901-1980. Cantaor. Empezó su vida artística cantando en los pescantes de los coches de caballos, a los diez años de edad, dado que en aquella época se estilaba la costumbre de organizar fiestas flamencas recorriendo las calles en los citados vehículos. Su primera actuación fue en Puerto Real. Después actuó en el Café X, de San Fernando, y en una venta gaditana, para pasar seguidamente al Olimpia de Sevilla. Su primera gira artística, antes de 1936, la realizó con la compañía de Pepe Marchena, que terminó con una actuación en la plaza de toros de Cádiz, alcanzando, según apreciación propia, una de las mejores de su vida. En 1936, se presentó al concurso celebrado en el Circo Price de Madrid, obteniendo el premio de siguiriyas y soleares, dotado con mil pesetas. Después realizó una gira por las provincias de Cádiz y Sevilla, con el elenco formado por los destacados en el citado concurso. La guerra civil le sorprendió en su ciudad natal y al terminar la contienda formó parte del espectáculo Las calles de Cádiz, con Conchita Piquer, y junto a La Niña de los Peines, Pepe Pinto, La Macarrona, La Malena, La Ignacia, La Albaicín, Mari Paz, Luis El Compare, Pepe El Limpio, Pablito, Rafael Ortega, Caracolillo, Josele, Melchor de Marchena y Niño Ricardo, entre otros artistas, recorriendo toda España. De regreso a Cádiz, se dedicó a cantar en reuniones y fiestas íntimas, y en el 1 Concurso Nacional de Alegrías obtuvo el segundo premio.


En 1952 se trasladó a Madrid, frecuentando el Colmao Villa Rosa, dedicándose también a cantar en fiestas y reuniones, hasta que firmó un contrato para actuar en el Tablao Zambra, durante un mes, con motivo de su inauguración, pero que se fue extendiendo hasta un total de trece años, realizando con su elenco viajes a diversas capitales europeas. Ganó, en 1948, el premio de siguiriyas del Concurso Nacional de Arte Jondo, que tuvo lugar en el Monumental Cinema, y en 1976, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces te concedió el Premio Nacional a la Maestría. Sus primeras grabaciones discográficas datan de los años cuarenta, destacándose, posteriormente, las que realizó para la histórica antología de la firma Hispavox, siendo su discografía de gran interés en su totalidad. En 1969, organizado por el Ayuntamiento de Cádiz y la Tertulia Flamenca de la Cadena SER, se le tributó un homenaje en el Teatro Municipal José María Pemán, consistente en un festival flamenco, cuya recaudación en un generoso gesto destinó a beneficio de los niños subnormales, en el que actuaron José Menese, El Chocolate, Fernanda y Bernarda de Utrera, María Vargas, Curro Malena, Luis Caballero, La Perla de Cádiz, Merche Esmeralda, El Farruco, Manolo Caracol, Pedro Peña, Manuel Morao y Parrilla de Jerez; realizando la presentación del homenaje el escritor Manuel Barrios; seguidamente se descubrió una lápida en la casa donde nació, en la calle Vea Murguía, 5. La Diputación Provincial gaditana, emisoras de radio y peñas flamencas también homenajearon a Pericón de Cádiz en diversas ocasiones, y al cumplirse un año de su muerte, por acuerdo municipal, se rotuló una calle del barrio de, La Viña con su nombre. Sus recuerdos fueron recogidos por José Luis Ortiz Nuevo, en el libro titulado Las mil y una historia de Pericón de Cádiz, amenísimo tanto por la riqueza de anécdotas de su vida en torno a su arte y al ambiente flamenco que siempre vivió con toda intensidad, como por su lúcida y graciosa capacidad de fabulación. Cantaor general, y muy especialmente maestro de los estilos genuinos de su Cádiz natal.


Manuel Ríos Ruiz ha escrito sobre su personalidad humana y artística: «Y qué decir de sus cantes, de sus alegrías, de sus cantiñas, sus bulerías, sus soleás, sus malagueñas, sus tanguillos, sus chuflas... Se nos quedan aquí, al menos impresionados en los discos, con su tarareo, su gracejo, sus ayeos, sus respingos flamenquísirnos, con sus melos, con su dulcedad, con sus músicas prehistóricas columpiadas, periconeando para siempre la gaditanería intrínseca, ya inmortalizada en su voz... La gracia flamenca, sí, se llama Pericón». Y el poeta Luis Rosales ha escrito el siguiente retrato del cantaor gaditano: «¿Conocéis, en la vida moderna, compostura más grave que la del cantaor que, en el cuadro flamenco, está esperando que le toque su turno? Pues bien, de atrás le viene el pico al garbanzo. Recordamos a uno de nuestros cantaores preferidos. Viste siempre de negro, como vestía la nobleza española en tiempos de los Austrias. Lleva camisa de chorreras y zapato de tacón alto. En su atuendo muestra arcaísmo, señorío y un cierto dejo sacerdotal. Se mueve lento y parsimonioso, y al moverse deja ver sus asomos de camisa en los puños. No hay compostura como la suya. Su gravedad es tal que únicamente al sentarse advertimos que es grueso. Tiene los ojos claros, impasible, semientornados, y aunque le llamen "Arsa, Pericón", no mueve la cabeza, no gira el cuerpo, mueve los ojos solamente. Parece un buda. Canta hierático, quietísimo y garboso, como si no moviera un solo músculo de la cara. Aun en su mismo silencio hay sorna. Tiene algo de ritual, pero condescendiente, y mueve las manos de una manera tan precisa que nos encanta y nos alegra verle sacar el pañuelo. Cuando se sienta se sienta completamente bien, igual que el agua llena el vaso. "Arsa, Pericón", y entonces, al levantar el brazo para cantar, deja la mano quieta y alta como si le doliera. Tiene un brillo perlado en la piel y el sudor no le moja la cara. De cante en cante, pestañea. Éste es su único movimiento. Sí, es cierto, en el mundo actual no hay compostura como la suya».