martes, 28 de junio de 2011

ANGEL LACALLE


Ayer el restaurante Miau, de la Plaza de Santa Ana, acogió a un grupo de íntimos amigo, familiares, autoridades del Ayuntamiento de Leganés y diversos medios de comunicación para dar a conocer la "Distinción Flamenca Ángel Lacalle".
Un premio, un galardón un reconocimiento, a la labor realizada en pro del flamenco que irá reflejado en un trofeo que se entregará a quien desde la Asociación Cultural Flamenca Jondo considere que está en la línea que marcó Ángel Lacalle.



José Mª Guijarro nos presentó un avance del trofeo, una silla, que como él mismo nos dijo anoche, es la expresión más rústica, severa, solitaria... inspirada en los cantes mineros, en ese submundo oculto, negro y desnudo que viene a ser la base de una forja del cante flamenco. Él nos decía que no entendía de flamenco, pero le emocionaba.
Agradecer a Paco Marín sus palabras que en resumidas cuentas con solo decir que Ángel Lacalle era especial, ya lo había dicho todo, en donde había posibilidad de trabajar por un cambio ahí estaba Ángel, y lo demostró, por que donde pisara dejó huella.
D. Rafael Gómez Montoya compartió momentos de flamenco, en donde en pequeñas reuniones, él sin ser neófito en la materia, le preguntaba sobre lo que se estaba cantando o sobre lo que estaba haciéndose sobre el escenario, Ángel se lo explicaba y siempre empezando por el sentimiento, no importa si se sabe lo que canta o no, solo si lo sientes. Eso, solo lo ve quien demuestra tener y transmitir calor humano.
Miguel Ángel Recuenco, Concejal Presidente de la Junta de Distrito de La Fortuna, rememoró en su memoria acontecimientos íntimos en este sentido, por lo que entendía como se sentía la familia de Ángel Lacalle. Con breve pero concisa intervención, nos dejó claro que él va a apostar por mantener viva las Jornadas Flamencas de La Fortuna, porque cualquier cultura musical hay que mantenerla viva y activa.




Isabel Guerrero se emocionó, ella le conoció poco pero le impactó, es quizás una de las últimas figuras, en la que Ángel Lacalle puso su mirada, se dio cuenta de que llegará muy lejos. Ella puso el broche de oro a una velada entrañable, su cante por solea, sus fandangos, rematando con uno dedicado a Ángel Lacalle, unas Tonás que en esta cueva del restaurante sonó a cante de fragua y olía a carbón quemado.
Una noche especial y redonda, lo que él se merecía. Gracias a los que nos habéis acompañado en esta noche tan especial y gracias también, a los que con su comprensión, supieron respetar el no poder asistir por la limitación de aforo.
A todos desde el respeto y el cariño profesado, gracias.